El hombre mayor está sentado.
La mujer mayor está amasando.
No timbre, no teléfono, no cartero.
El hombre mayor dice – va a llover –
La mujer mayor contesta – siempre crees en el pronóstico –
El hombre mayor dice – es que el cielo se ve todo cerrado –
La mujer mayor dice – los pronósticos no son de fiar, pero vos insistís en creer en los pronósticos –
El hombre mira el cielo resignado – puede ser – dice
Silencio, soledad, monotonía.
Ladra un perro. El hombre mira por la ventana –ladra un perro – dice
-¿dónde? – pregunta la mujer. – Afuera – contesta el hombre
-Afuera ladra un perro – dice ella
-¿escuchaste? – Dice el hombre -¡claro! – Responde la mujer y agrega indignada – ¡no soy sorda! –
El hombre calla. El hombre se tomó la revancha anticipada. Pecó y volvió. Ella se venga y está en su ley.
No teléfono, no timbre, no cartero.
Un pájaro se acerca a la ventana, enfrente de donde amasa la mujer. El pájaro de panza colorada picotea un engrudo abandonado por los gatos. La mujer levanta los ojos.
Siempre quiso ser pájaro. (Nunca libertad, nunca sin límite)
Se huele el pan en el horno. No debería olerse. - se tostó de más – piensa.
- se tostó de más – dice
- a mi me gusta más doradito – dice el hombre
- mentira. Nunca te gustó dorado –
- te lo digo para que no te preocupes –
- yo no me preocupo por casas sonsas. Vos te preocupas por todo –
- es cierto – dice él.
- Claro que es cierto. Te conozco más de lo que vos te conoces –
La mujer coteja la base de los panes disgustada.
El hombre mira por la ventana. Ve poco. Últimamente casi ni ve. Unos yuyos altos sobrepasan el césped. Antes sacaba los yuyos con un pinche largo que se hizo fabricar especialmente para no agacharse. Y lo bien que salían. Con la raíz, enteros los yuyos. Claro, era más joven y más fuerte. No le dolía la pierna, ni la cintura.
- ¡ maldita vejez !– dice el hombre
La mujer suspira. Deja un instante la masa. Respira otro poco y vuelve a amasarla con renovado ímpetu.
Afuera llueve.
Un cuzco cabizbajo se mete en el jardín, olfatea el cedro azul y orina.
- ¡fuera bicho de mierda! – dice el hombre
- ¿qué pasa? – pregunta la mujer
- El perro, otra vez meando el árbol –
- ¿Y vos podes conseguir que no lo haga? –
- No. Pero me calienta –
- Entonces para que te preocupás. Yo no me preocupo por lo que no puedo cambiar –
- Porque vos sos muy equilibrada –
- Es cierto –
- Ojala yo tuviera tu equilibrio –
- No es mi virtud, es mi genética –
- Tenés una genética superior a la mía –
- Siempre fue así – dice ella
- Siempre fue así – dice él
Suena el teléfono.
El hombre corre la silla bruscamente, se levanta y va hasta el tubo con paso apurado y zambo. La mujer se detiene con la mirada fija en el aparato repitiendo - ¡A ver...! ¡A ver...! –
-Sí – dice el hombre con voz impostada. –Sí querido- continúa más relajado y alegre. –Sí, sí... No hay problema...Todo bien....Todo bien...Mamá bien. Sí, sí...¿Marita como está?...Bueno, bueno... entiendo. Gracias hijo – Corta casi con la palabra en la boca
- ¡¿Y?! – dice ella que se ha quedado paralizada con las manos sucias colgando a los lados y el corazón en la garganta.
- Dice que están bien. Que Marita ya no tiene fiebre. Que estaba hablando del celular. No tenía más pulsos. Dice que no puede venir mañana –
- ¡¿Qué pasó?! ¡¿Porqué?! –
- “¡Después te explico, después te explico!”, me dijo. No tenía impulsos, pulsos.¡ No sé como es lo del celular!.¡No podía hablar más!–
- ¿Y de Marita te dijo que ya no tenía fiebre? –
- Si, dijo “Marita ya no tiene fiebre” –
- Ya no tiene fiebre –
- No tiene fiebre –
- Que bien –
- Si. Que bien –
- No puede venir mañana –
- Dijo “mañana no puedo ir” –
- No podrá. ¿Pero estaba bien? –
- Si, estaba bien –
- Bueno, es lo importante –
- Si, es lo importante –
Otra tanda de pan recién horneado se airea sobre la mesa de la cocina.
No timbre. No teléfono. No cartero
martes, 5 de mayo de 2009
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